Estás en Sopa de Letras, el blog de Marta Abadía

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Como escritora, he elegido llamarme Marta Abadía, aunque al nacer me impusieron otro nombre y otros apellidos. Muchas veces me preguntan por qué firmo con un pseudónimo. Tengo varias razones. La principal es porque, cuando escribo, siento que hay un ser interior que se apodera de mí y manda sobre “mi yo de andar por casa”. Cuando ella aparece, se pone a trabajar a mi pesar, por encima, debajo y alrededor de mí, me ordena, me sitúa y se expresa a su manera, mientras yo me convierto en vehículo que recoge su pensar y su sentir, la herramienta que sirve a sus impulsos. Esta realidad me obliga a reconocer su existencia, valorar su trabajo y darle nombre.

Por cierto, el nombre lo elegí porque tiene para mí un valor simbólico importante. Marta, en la tradición judeo-cristiana que me socializó, es la persona activa, frente a María, la contemplativa. Si bien para escribir son precisas importantes dosis de contemplación, meditación y sosiego, que María proporciona, sin la energía activa de Marta todo quedaría sumido en el silencio. Abadía es el apellido de una de mis tatarabuelas, Josefa, que fue madre del escritor José María Munuera y Abadía, natural de Lorca. Este bisabuelo mío, padre del padre de mi padre, fue olvidado por todos durante muchos años; hoy por fin es un historiador local reconocido por sus paisanos. Y yo lo valoro no solo por ser mi bisabuelo, sino sobre todo porque escribía de forma honrada y colorista sobre las cosas de su tierra para no perderlas, para no perderse. Me gusta pensar que la madre de ese hombre escritor de cosas de la vida le supo transmitir el valor de lo pequeño, lo cotidiano, lo real. Reconociéndola a ella en el nombre que he elegido para mí, me resulta imposible olvidar que soy pequeña, cotidiana y real.

Marta Abadía es también mi excusa para encontrar mi espacio personal de silencio, imprescindible para escribir. Cuando Marta Abadía entra en acción, me viste, me transforma y dejo de ser madre, abuela, ama de casa, recadera, profesora, psicóloga o estudiante (mis roles de acción social y familiar). Marta Abadía necesita un espacio de recogimiento y mucho respeto de mis amigos y familia. Cuando ella está, yo no estoy. Cuando ella se expresa, el mundo de mi alrededor respeta mi silencio.

Además, Marta Abadía es  mi máscara. Ella dice por mí cosas que yo no sabría decir ni, si supiera decirlas, encontraría el momento, el como o el porqué. Ella no necesita excusa, actúa. No precisa consideraciones de conveniencia o error, habla. Y yo, ante su contundencia y su verdad no puedo sino retroceder y aceptar su fuerza, su valor y su ética. Yo sería cobarde cuando ella es valiente, confusa, cuando ella es clara, débil, cuando ella es fuerte. Por tanto, me rindo a su verdad y la sigo respetuosa y decididamente.

Por último, Marta Abadía es el soporte de mi fe, de mi esperanza y de mi amor. Como ser cercano a ella, me empequeñezco y me someto al hecho de que ella me va construyendo como persona, como escritora y como activista; porque es ella quien baraja y quien ordena las ideas que bullen dentro de mí, y quien termina poniendo en orden mis anhelos, curando mis heridas y lanzando mi verdad a los cuatro vientos.

Houses & Trees By The Water
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